domingo, 4 de septiembre de 2011

Iker :)

La luz del sol iluminó mi cara, los rayos fueron haciéndose más y más fuertes hasta proyectar sobras en mi habitación. Abrí los ojos y me desperecé, era pronto, hoy llegaría bien al colegio. Llamé a mi hermano y me fui a la ducha, me dio tiempo incluso  de alisárme bien el pelo. Me puse la ropa y le dije por enésima vez que se despertara. Por fin me hizo caso. Se vistió rápidamente y fuimos los dos a desayunar. Yo solo desayuné una tostada y un zumo frío para desperezarme y me dirigí al baño para darme rímmel y un poco de colorete. Salimos a esperar al autobús y cuando vino entramos, íbamos a llegar 25 minutos antes de que empezaran las clases, increíble. Entré a clase y saqué el libro correspondiente a la materia de la que tenía examen y comencé a repasar.
+Bien alumnos, pido silencio y quien tenga chuletas que las deje en la mochila. Tienen 50 minutos de reloj.
Y comenzó la cuenta atrás, el examen era facilísimo y a los 30 minutos o 20 como mucho lo entregué y salí al patio. Allí estaba Marta, que lo había acabado la primera pues lo había entregado en blanco.
- Marta, tía, eres lo peor.
-Tía, que las demás asignaturas las llevo bien, quitando esta e Inglés, las demás las apruebo todas.
- Ah, bueno, tú sabrás.
Marta era bajita e hiperactiva, no podía estarse quieta. Era muy simpática, la típica chica con la que puedes pasar horas y horas de risas sin descanso, solía quedar con ella todos los viernes por la tarde, solíamos ir a toma un café junto a Cristina. Recuerdo que siempre me pedía un Capuccino para llevar, en ese establecimiento los hacían deliciosos. Marta era genial. Una persona de admirar, pero siempre le tenía que hacer de psicóloga con sus repentinos enchochamientos y amores platónicos. Marta ese día llevaba el pelo recogido  me gustaba mucho como le quedaba, y más aún como iba maquillada, recuerdo que se echó mucha colonia y su olor estaba ya por todos los pasillos del instituto. Tenía la cara redonda y los ojos preciosos, prolongados por una fina raya. Tenía unas pestañas enormes y una sonrisa enorme también. Solía pasarse el día gritando y haciendo el tonto. Siempre nos hacía reír.
Poco a poco empezó a salir la gente del examen, Marta y yo estuvimos hablando hasta que entramos a la siguiente clase. Y todo el día fue un examen detrás de el otro.
Por fin acabó la jornada, salí del instituto contentísima pues ya habían acabado los exámenes. Fuimos cada una a nuestra casa para cambiarnos. Yo llegué y no había nadie. Comí un poco y fuí a la ducha. Me puse unas sandalias romanas altas, un pantalón corto de un color vaquero muy claro, una camisa preciosa en tonos marrones, mi bolso preferido y un collar largo. Me eché un poco de colonia y lista.
Fui andando al ritmo de la música hasta el paseo del puerto, donde había quedado con Cristina y con Marta.
-Llegas tarde Paula.
Yo era la chica más impuntual del mundo, les saqué una sonrisita y les pedí perdón. Comenzaron a reírse y fuimos hacia la cafetería.
- Un Capuccino con doble de nata, para llevar.
- Yo un batido de chocolate con doble de nata, y si puede ser triple mejor- dijo Marta.
Todas empezamos a reirnos, a Marta le encantaba la nata. Nos llevamos todo al parque de las acacias y nos lo tomamos entre risas.
- Espera, no me lo puedo creer Cris, ¿Dónde esta tu piti?- dije.
- Lo estoy dejando, no me lo hagas más difícil- dijo ella.
- Me alegro tía, pero ahora ya no serás la misma Cris, la Cris de los pitis...
- ¡Cállate!- dijo y sacó un cigarrillo que encendió con su clásico mechero de los "Red hot chilli peepers"
Nos empezamos a reír. Ya era demasiado raro.
- Ésta es la última caja que compro- aseguró.
Ninguna lo creímos, pero con el paso del tiempo nos dimos cuenta de que fue verdad. Cris dejó de fumar.
- Escuchad tías, he quedado con Pablo en 10 minutos. Así que me piro- dijo Cris.
- ¿Osea que es serio? -dijo Marta.
- Yo no soy seria tía.
Todas nos reímos de sus ocurrencias y Cris se fue dándome uno de esos besos suyos.
- Marta tía, yo he quedado con mi hermano, osea que me piro también.
- Ala, dejadme sola, no os preocupéis, yo me voy a buscar royo a algún sitio.
Me reí y le di un beso en la mejilla, me fui con el Capuccino en la mano, me quedaba la mitad. Lo tiré a una papelera. Odiaba el café frío con toda mi alma. Fui casi corriendo a la entrada del instituto y ahí estaba el diablillo, es mi hermano pero es así, de repente me miró y me dijo con cara tristona:
- Paula, me ha dicho mamá que no estará a cenar en casa, le han dado más trabajo del que tenía.

Pobrecillo, debía de haber llevado un día duro. Me puse a pensar y le dije... 
- ¿Pues sabes qué?
-¿Qué? -contestó
-Que tú y yo nos vamos a ir a cenar donde tú quieras -le dije cogiendole la mano
Le miré y una sonrisa enorme le apareció en la cara. Nos pasamos la hora de la cena en el Mc' Donalds, le apasiona ese sitio. Cuando acabamos de cenar, al ir a subir al autobús de vuelta a casa, me miró a los ojos y me dijo:
-Gracias Paula
A mí en ese momento no me salían las palabras, hay que oír a una personita de 9 años decirte gracias con esa mirada.
-No tienes que dar las gracias, soy tu hermana y sabes que estaré ahí para lo que quieras, siempre que quieras -contesté con una sonrisa

Era la primera vez que escuchaba a mi hermano decir un "Gracias" con tanto sentimiento, y esque, será un diablillo y todo lo que sea, pero al fin y al cabo, es mi hermano, lo quiero como a nadie y mataría por él.


                                           

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