domingo, 25 de noviembre de 2012

Personas que mueven mundos.


Hola tonto del culo, si tú, imbécil integral. Me han entrado ganas de volver a escribir sobre aquel suceso que cambió mi vida, aquél del que fuiste protagonista, pero en este caso para no volver. Sé que rallo, me dicen que debería olvidarte, no escribir sobre ti, sacarte de mi cabeza... ¿crees que puedo?. Bueno, ahora solo quiero recordar nuestros días de una forma un poco más profunda, ahí voy. Vengo a hablarte de todo lo que te quiero y de lo mucho que me arrepiento de no habértelo dicho nunca.
Recuerdo perfectamente el modo en el que sonó el teléfono aquella mañana, fue diferente. Tal vez ese sea el motivo por el que me da un vuelco al corazón cada vez que llaman, siempre pienso que van a ser malas noticias otra vez. Fue la primera vez en mi vida en la que me quería morir, morir de verdad. Tenía tanto miedo al futuro, no era capaz de comprender nada, no podía ser verdad, pero lo era, lo fue, y aquí sigo, dos años y poco después, en pie y levantando lo que tú derribaste. Y no te lo hecho en cara, no tuviste culpa, tú no querías terminar con tu vida.
Y es que, a veces, no pensamos que nuestra propia vida puede ser el motor de otras personas y que debemos seguir no por nosotros, sino por los que están ahí, por los que te han visto crecer, aprender, vivir. Y te juro, que si no fuese por esos, yo también hubiese acabado con todo, pero seguí, seguí porque la vida sigue, porque yo no puedo hundirme si hay personas que necesitan mi ayuda, y sobretodo, que yo esté bien.
Cada noche me invaden tus recuerdos y no me dejan dormir, recuerdo cuando venias a buscarme y mi padre te recitaba la frase de siempre antes de salir de casa, '-Cuídala, cuídala mucho, que sabes que la quiero tanto o más que tú'. Cuando me hacías aguadillas en la piscina, cuando me agarrabas por la cintura y me elevabas en el aire hasta que tocaba el techo del salón, recuerdo el miedo que me daba el acantilado azul porque tú hacías amago de tirarme, los momentos en los que me llamabas pija, enana y repipi. Recuerdo tus primeros cigarrillos, la música que escuchabas, cuando me sacabas el dedo, yo te pegaba y el resto nos reñía a los dos. Recuerdo ponerme tus camisetas y correr por la playa, y sobretodo recuerdo la última vez que te vi, recuerdo lo que dijiste a aquellos chicos que me silbaron al pasar y como te despediste con un “adiós, friki” y el típico beso en el moflete.
Y me cuesta pensar y asumir que no estás aquí, que no vas a volver, que se acercan navidades, que después llega tu cumple, y un montón de fechas más que pasaré pensando en ti.
Y es que esto es autodestrucción, es dolor, es algo que jamás sentí, es la ausencia de alguien tan importante como tú lo eras, eres, y seguirás siendo hasta el final de mis días y los de todos nosotros. Son ganas de reventar algo, de liarme a hostias con la pared, de llorar hasta secarme pero, ¿sabes qué? Eso no hará que vuelvas. Nada hará que vuelvas, ese cabrón acabó con todo, acabó contigo.

Y ahora me gustaría pedir dos cosas, lo primero disculpas. Si, quiero pedirte perdón a ti, al que lee esto por haberte hecho perder el tiempo si es que has llegado hasta el final de mis letras, siento que hayas tenido que leer esto que no es más que una reflexión personal que a nadie le interesa y que, tal vez, ni siquiera debí haber escrito, pero lo he hecho, lo he hecho porque era una necesidad, porque ya son dos años viviendo por vivir sin un verdadero motivo que me impulse, tal solo sacar esto adelante. Y me podéis juzgar, tal vez os parezca que me hago la víctima, que soy una quejica o que hay cosas peores, solo os deseo que jamás viváis algo así.
Y por último, gracias.

No hay comentarios:

Publicar un comentario