viernes, 25 de mayo de 2012

Pequeños conceptos, grandes cambios

Cuando era pequeña, siempre me iba a dormir temprano para levantarme con fuerzas, tenia ilusión de ir al colegio con mis amigos y ser feliz. Después, deseaba que fuera la hora de plegar, para poder ir al parque y jugar, ya fuera con la arena, con los columpios o simplemente correr como una loca sin miedo a lo que pensaran. Fue pasando el tiempo y todo iba cambiando, pero seguía siendo feliz. Empece a ver que existía aquella palabra tan oída por mis padres, o mejor dicho, por todo tipo de persona; el amor. Yo, por ese entonces entendía el amor a mi manera. Ningún problema podía conmigo, ya que no me daba cuenta de ellos. Podía pasarme horas y horas jugando al pilla-pilla, o con una simple muñeca. ¿Llorar? En aquella etapa era perder un peluche, discutir con mi madre o pelearme con una amiga por la misma barbie. Llorar era sentirme mejor, era la solución para conseguir todo aquello que quería. Pasaban los años y nada era igual, aquella palabra, "amor", tenia más sentido. Ahora entendía el porque de cada beso que se daba la gente. El porque de aquella sonrisa que mantenía una persona tan solo con ir agarrada de la mano de otra. Empecé a entender, que después de alguna amistad, podía haber algo más. También comprendí la palabra "problema". No todo se conseguía llorando, tuve que aprender a ser fuerte y siempre dar una buena explicación a todo. Ahora, pregúntame lo que quieras sobre la vida, seguro que tengo respuesta. ¿Amor? Una palabra demasiado corta para el gran significado que tiene. Y si algo he aprendido sobre ese concepto es que la palabra "amor" viene acompañada de dos más; tristeza y felicidad.



No hay comentarios:

Publicar un comentario