domingo, 27 de mayo de 2012
La vida es vida, contigo o sin ti.
Decidme, ¿que queréis? No tengo ni dieciocho años, no puedo comportarme como un adulto, no puedo pensar como vosotros, no puedo tomar decisiones de esas, de las que no hay vueltas atrás. No puedo vivir sin amor, besos, sin mis amigas, no puedo vivir encerrada entre cuatro paredes frente a un libro que no me dice nada, memorizando cosas que, de nada me servirán en el futuro. Ya veis, ese es un pensamiento muy infantil, lo sé y me la suda. Es lo que hay, no soy madura, no soy consciente de que manera me estoy jodiendo la vida, de lo mucho que me arrepentiré y esas cosas, es que yo decido como vivir, que para eso es mía. Y si yo digo que no me voy a casar, que no voy a tener hijos, pues respetáis mi decisión y punto, que si quiero morir joven y sola, así será. Que el amor para siempre no existe, al igual que tampoco la felicidad, solo viene, se va, vuelve, te jode, y al final, lo único que siempre estará ahí será el recuerdo de lo que fue, o peor, de lo que pudo haber sido y, por una cosa o por otra, jamás fue. Y entonces te arrepentirás y pensarás como pudiste haber dejado escapar la oportunidad de tu vida, y sufrirás. Pero luego llegarán 1235454512 personas, con sus 1235454512 gilipolleces, para mostraros que la vida sigue, que vendrán más y mejores, que no pasa nada. Pero, ¿Sabéis qué? Que no, que la vida sigue, con o sin ti, pero los trenes se escapan si llegas tarde, o se largan si los dejas escapar. Que cuando entréis en esa puta rutina y os hundáis en la mierda de un matrimonio con problemas, dos hijos repelentes, un piso que pagar, un trabajo frustrante, un jefe hijo de puta y de más, yo viviré sola en mi ático, o con algún tipo raro, y brindaremos con Champagne por vuestra desesperación. Pues ese será mi modo de vida, tan asqueroso y respetable como cualquier otro, pero, en mi opinión, el mejor.
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