¡Buenos días mi príncipe!
Después de tanto tiempo buscando al hombre perfecto, darte cuenta de que eso no es nada en comparación con encontrar al hombre paciente, alegre y comprensivo, el que aunque no sea perfecto intente mejorar sólo por ti, que tú ames todas y cada una de sus imperfecciones y él las tuyas. Que sepa como te gusta el café, el té o el cubata. Que todas las mañanas te despierte con un ¡Buenos días princesa! -y esa encantadora sonrisa que le deja ver el hoyuelo de su mejilla derecha-.
Que te de ánimos para seguir adelante, y que esté ahí por si algo sale mal. Que incondicionalmente esté ahí siempre, que nunca diga que no quiere algo si sabe que es contigo.
Y si por alguna casualidad algún día te falta, recordarás todas estas cosas, pero no como algo amargo, si no como algo que fue, pero no pudo seguir siendo.
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