A ti, a mi dios, a ese hombre que me ha enseñado que hay que luchar por lo que uno quiere, a esa persona que luchó un año contra el cáncer antes de que Dios se lo llevase para escuchar su espléndida voz, a ese señor del que he aprendido que cuando uno está en lo peor, encuentra una mano amiga, si él la ha ofrecido, a ese cantante de reggae, ¡que digo! al padre del reggae, al rastafari más querido de la historia, ese rey de las rastas y la "maría", de los gorros de lana con la bandera de un sentimiento, porque esos tres colores son vida para muchos, porque sí, ha sido criticado, tratado de "drogata", de mala persona, pero muy pocos se han parado a leer su vida, muy pocos son los que saben que no murió por un "blancón" ni por sobredosis, que Bob, y me atrevo a llamarlo Bob cuando lo grande no es el nombre, si no lo que llevaba dentro, murió de una herida en el pié, y murió por no defraudar a sus fans, cuando podía haber parado esa gira europea y haberse curado.
Bob Marley murió, sí, pero dejó un sentimiento, un sentimiento del que los que lo adoramos no podremos desprendernos nunca, el sentimiento del reggae, de la paz, de lo bueno, ese sentimiento.
Por eso digo con la cabeza bien alta, que es mi rey, mi dios y fué, es y será recordado como el padre de un sueño y de algo más que una simple música, el reggae.
Siempre, Bob ♥

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