Muchas veces tratamos de seguir una línea recta, un caminito de baldosas amarillas que nos lleven a nuestro destino. ¿Por qué a nadie le cabe en la cabeza que ese lugar no es ni tan bonito, ni tan perfecto?
Déjame salir de mi senda, déjame volver a ella si así lo deseo. Pero no me digas lo que tengo que hacer, por mucho que me importe lo que tú me digas. Simplemente, cállate. Déjame por una vez en mi vida hacer lo que me venga en gana.

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