Y cuando todo empieza a ir bien, es cuando más duele la caída, y das todo a cambio de nada.
Y aún con nada, lo sigues queriendo con el resquicio de una esperanza. Esa esperanza que con el pasar de los años aún vive en ti.
Aprendí a querer sin ser querida, y hoy, aquí escribiendo entre líneas, te digo que te espero en el lugar de siempre, allí sigo... ¿Vendrás?

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